El pasado verano, le prometí a mi sobrino Pau que algún día volaríamos en avioneta por encima del Golden Gate. No lo veo como un sueño inalcanzable dado que en California es muy fácil sacarse la licencia de piloto y, a diferencia de Barcelona, se puede volar libremente sobre zonas urbanas. Ah! y lo más importante, tengo muchas ganas de aprender a volar. En fin, que aquí queda por escrito la promesa a Pau. Vamos a sobrevolar el Golden Gate.
Y a la espera de que llegue ese día, Lino, el padre de Rosa, me ha permitido debutar como copiloto e incluso tomar el mando por más de una hora de una Cessna del Aeroclub Barcelona-Sabadell. Ha sido un vuelo maravilloso a Castellón sobrevolando el Delta del Ebro y bordeando, a la vuelta, el mazizo de Montserrat. Una jornada increíble que no voy a olvidar y que, sin duda, ha sido la mejor despedida de Barcelona que podía imaginar. Y ahora, a volar de nuevo a San Francisco y a tomarle las medidas a ese tal Golden Gate.


